viernes, 8 de abril de 2011

La estrella de Nicolás

Dicen que nos crearon los hombres de sus sueños y que con ellos, brillamos más y más...Desde aquí arriba todo se oye perfectamente, pero es todo de un tamaño tan diminuto que hasta una estrella cómo yo puede sentirse importante...

Cuenta la leyenda que un gran Dios nos creo para ayudar a los valientes a orientarse en las oscuras noches, y a los románticos a inspirarse. Orientar es senzillo sólo debes permanecer inmóbil y emanar tu más clara luz para que el necesitado o el perdido te siga, pero ser musa...¡Ay!, ¡ser musa no es para nada sencillo, señores!, el corazón enamorado goza de grandes expectativas sobre su idea preconcebida de lo que es el romanticismo, pero los peores son los que necesitan llenar sus vacíos en las cálidas noches de verano y creen no encontrar un amor y ser sumamente románticos, cuando en realidad no hay estrella tan bonita cómo para llenarlos, ni tan brillante cómo para orientarlos...

Mi vida cambió en un instante cuando un dia brillaba en una despejada noche del mes de junio sobre el manto oscuro arriba de una colina, justo arriba de un pinar al lado de una urbanización dónde suelen ir a jugar los niños.

Allí desde hacía meses observaba a Nicolás, un niño de 7 años que se sentaba y me miraba fijamente y sonreía, sólo sonreía y decía que la vida era vivir para ver mi brillo...

Un dia Nicolás cerró los ojos y pidió un deseo, lo deseó con tanta intensidad que hasta los Dioses de Jupiter lo oyeron y por primera vez supe y comprendí, porque los humanos esos seres tan extraños, constantemente limitados y a la vez sumamenete complejos lloraban. Yo era estrella y comprendí el sentimiento de lo que la mayoría de personas en su vida son capaces de hacer: amar.

Y así perdí mi brillo, decidí volverme fugaz con todas mis fuerzas para dar forma al deseo de el niño y sé que en algún lugar se salvaron muchas vidas, hubo un momento de felicidad y dicha y todo porque un niño, creyó en mí...en él...en una segunda oportunidad.

Ahora ya no brillo, y no estoy en el cielo (al menos no en ese cielo), ¡pero ahora me miro y me veo!. Me dotaron de alas, me dijeron que me las había ganado, me premiaron, y agradecieron, por algo tan simple cómo dejar de ser yo para sentir... Nos llaman angeles y nuestra misión es preservar la paz y os aseguro que no hay mayor brillo que el que en ella se haya, pero para alcanzarla no sólo hay que quererla, hay que comprenderla. Cómo hizo áquel niño que cambió mi brillo por alas y fué capaz de cambiar vuestras vidas sin vosotros saberlo, constantemente se apagan estrellas por dar segundas oportunidades.

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Julia